Ensayo Periodístico
El destape televisivo vs. educación
Hoy, la lucha en los canales de televisión por captar la mayor cantidad de audiencia en lo que a las teleseries se refiera, no tiene que ver con crear una buena historia en donde se entregue a la gente el valor que proporciona la familia, el valor del trabajo, o el valor que entrega la amistad. Por estos días, despertar el interés de la gente y, por ende, obtener la mayor cantidad de rating posible, tiene que ver con que los directores de las teleseries nacionales están incluyendo en sus producciones descaradas escenas de sexo que dejan entrever que los niveles educativos de la televisión chilena han ido en decadencia. No se trata de que exista una censura drástica hacia estas producciones que acarrean un arduo trabajo, pero si que existan una mayor conciencia en las líneas editoriales de los canales de televisión. Como las teleseries de nuestro país se presentan al público en un horario que fluctúa entre las 19 y las 21 horas, habría que acomodar la parrilla programática en donde los padres que generalmente llegan tarde del trabajo puedan controlar lo que sus hijos está viendo en la televisión.
Lo importante viene a ser, como ya se mencionó, establecer parámetros de horarios en donde no se de la posibilidad que niños y niñas, que aún no han llegado a la pubertad, puedan percatarse de escenas que puedan crearle una confusión en una etapa tan importante de su crecimiento.
Canal 13, en cuanto hitos televisivos ser refiere, fue pionero en dar comienzo a la “guerra de las teleseries”. Fue en el año 1981 cuando todo comenzó.
Ese año la producción dramática, “La Madrastra”, creada por Arturo Moya Grau, y protagonizada por la notable actriz Gloria Munchmeyer, acaparó portadas de varios diarios sobre el final que se veía venir. De hecho, fue tanta la expectación por saber qué ocurriría en el epílogo de aquella teleserie, que hubo una paralización de las actividades en muchos puntos del país donde llegaba la señal Canal 13.
¿En que se parece aquel tiempo con el de ahora? La respuesta es clara. Producciones dramáticas que acaparan el interés de la gente. ¿En que se diferencia? En que los destapes sexuales antes prácticamente no se veían y, hoy, son la trama fundamental de las historias que crean los guionistas en sus respectivos canales.
La gravedad de todo esto que ya los canales ni respetan sus líneas editoriales. Pues, Canal 13, medio de comunicación totalmente conservador comenzó a revertir completamente esta ideología con la aparición de un personaje homosexual en su exitosa teleserie “Machos”, cuyo tema central era la importancia de dejar bien parado ante la vista de los demás, el hecho de ser hombre.
Cuando Ariel Mercader, encarnado por el actor Felipe Brown, dio a conocer sus tendencias homosexuales, todo el público televisivo se vio impactado. No impactado en una forma que dejara entrever la antipatía hacia las personas homosexuales, pero si en la manera de que un canal tan apegado a la religión católica haya tocado un tema delicado para la sociedad como lo es el de la homosexualidad.
El punto que se debe tocar es que en Canal 13 se experimentó y, de hecho, se sigue experimentando, un visible interés hacia una especie de violación contra su línea editorial que está influida profundamente por la Iglesia Católica. Y lo peor, es que por estos días, la gente todavía puede ser protagonista de impactantes desnudos por parte del elenco de teleseries del como “Tentación” y “Destinos Cruzados”, del Canal 13 y 7 respectivamente.
Polémicas ante estos hechos ha habido. De hecho, hace dos semanas, el diputado UDI, Julio Ditborn, planteó un proyecto para que el Consejo Nacional de Televisión fije una programación acorde a lo que están exhibiendo. Algo muy importante a la hora de analizar cuando niños que no pasan los ochos años de edad, se acercan a la pantalla del televisor y ven escenas de desnudos. La solución es clara: colocar estas programaciones a una hora en que los niños ya estén durmiendo.
Hay una pregunta muy importante que los padres se deben plantear. ¿Es efectiva la educación que les entregan a sus hijos? Con producciones dramáticas que promueven e incentivan el adulterio, las violaciones, y el consumo de drogas, es prácticamente imposible. Si bien es cierto es delicado censurar temas que están en la realidad, si se van a tocar temas de la naturaleza antes mencionada, conviene que los canales de televisión hagan una autocrítica ante lo que están exhibiendo.
Lo imprescindible es que los canales si es que van a transmitir alguna escena no apta para la inocencia de un niño, se deben autorregular. La censura no es una buena alternativa, puesto que para eso habría que aplicar mano dura con los noticieros que muestran imágenes donde hay muertos y heridos por guerras, y también con programas infantiles que incentiven a la violencia.
Recalcar la real importancia que deben tomar canales tan trascendentales en la opinión pública chilena como los son el de la Pontificia Universidad Católica de Chile, y Televisión Nacional es de suma importancia. Uno con una estrecha relación con la religión católica, y otro vinculado al gobierno de nuestro país, deben establecer nuevas políticas de programación destinadas a culturizar y educar de buena forma a la población del país, con el fin de evitar que escenas de sexo, de violencia, etcétera, terminen por destruir por completo sus líneas editoriales que de alguna u otra forma en el tiempo, han contribuido a formar personas con espíritu crítico hacia la sociedad.
La tarea de entregarle a la población buenos contenidos de programas está a la vista, y sólo basta con adecuarlos a horarios convenientes para todos.



